HISTORIA · MARKETING · EMPRENDER

Lienzo Telas: mi primer negocio digital, una historia de resiliencia, marketing y aprendizaje

Cómo pasé de vender almohadones artesanales en Mercado Libre a construir una marca de telas que llegó a acompañar a más de 500 emprendedoras.

Hay historias de emprendimientos que comienzan con una gran inversión, un plan de negocios perfectamente armado y todos los recursos necesarios para empezar.

La mía no fue así.

Mi historia con Lienzo Telas comenzó con muy poco dinero, algunas ideas, muchas ganas de aprender y una necesidad bastante concreta: encontrar una manera de generar ingresos haciendo algo que, con el tiempo, terminaría convirtiéndose en una de mis grandes pasiones.

Pero, si tengo que ser sincera, cuando comencé no sabía que estaba construyendo una marca. Mucho menos imaginaba todo lo que iba a aprender sobre marketing, clientes, negocios y resiliencia.

Solo estaba intentando que las cosas funcionaran.

Y, de alguna manera, eso fue lo que me enseñó tanto.

Todo comenzó con unos almohadones y muchas ganas de aprender

Por allá, en 2018, empecé a vender artículos de decoración artesanal en Mercado Libre. Mi primer producto fueron unos packs de almohadones teñidos artesanalmente.

No sabía coser demasiado bien. No tenía stock. No contaba con capital suficiente para comprar grandes cantidades de tela y, muchas veces, apenas podía comprar uno o dos metros para responder a cada pedido.

Pero tenía algo que me acompañó durante todo el recorrido: la disposición a aprender.

En ese momento, Mercado Libre se estaba convirtiendo en una oportunidad muy interesante para quienes queríamos vender por internet. Todavía había mucha gente con miedo de ingresar al mundo digital, y yo tampoco sabía demasiado sobre comercio electrónico.

Sin embargo, me lancé.

Investigué, leí, miré tutoriales y fui resolviendo de la manera que pude. Benditos tutoriales. ¡Cuánto me ayudaron a avanzar!

No esperar a saberlo todo para empezar, sino aprender a medida que aparecen los desafíos.

En los negocios, no siempre contamos con los recursos ideales. No contamos con un equipo, un presupuesto amplio ni todas las respuestas.

Pero eso no significa que no podamos empezar a construir algo.

Significa que necesitamos aprender a tomar decisiones con los recursos que tenemos.

Y eso también es parte del marketing.

¿Por qué decidí vender almohadones?

La respuesta tiene una historia bastante personal.

En ese momento conocí a mi actual pareja, que trabajaba en una mueblería boutique de Palermo. Él sentía mucha pasión por su trabajo y solía traer a casa las tendencias y novedades del mundo de la decoración.

De a poco, fui interesándome por ese universo.

Fui conociendo telas, colores, texturas y las distintas formas en que los objetos podían transformar un espacio. Me fui adentrando en el mundo textil casi sin darme cuenta.

Los almohadones aparecieron como una oportunidad de negocio, pero también como una puerta de entrada a un rubro que terminaría acompañándome durante muchos años.

Una reflexión sobre emprender

A veces, el origen de un negocio no está en encontrar una idea completamente novedosa, sino en descubrir una necesidad, un interés o un mundo que nos despierta curiosidad.

No siempre sabemos desde el primer día en qué se va a convertir nuestro proyecto.

Y está bien.

El primer gran aprendizaje: observar lo que estaba pasando

Durante aproximadamente un año vendí de una manera bastante desordenada en Mercado Libre. Las ventas fueron creciendo y, con el tiempo, también aparecieron nuevos vendedores.

La competencia se volvió más intensa. Las personas tenían más opciones, eran más exigentes y el mercado estaba cambiando.

Yo miraba a mis competidores y veía algo que se repetía: fotografías de revista, sesiones de fotos muy producidas y una comunicación que mostraba la decoración como algo asociado a casas grandes, lujosas y ubicadas en determinados barrios.

¿Dónde estaba la gente como yo?

¿Dónde estaban las personas que vivían en casas normales, tenían espacios pequeños, presupuestos limitados y también querían decorar sus hogares?

No veía que muchas marcas les estuvieran hablando de una manera cercana.

Así que decidí cambiar la forma en que comunicaba mis productos.

Empecé a utilizar fotografías, videos y textos diferentes. Dejé de mostrar la decoración como algo lejano o reservado para determinados estilos de vida, y pasé a hablarle a quienes querían hacer de su casa un lugar lindo, sin necesidad de tener una casa enorme ni gastar fortunas.

Y, para mi sorpresa, las ventas se multiplicaron.

Ver no siempre significa observar

Con frecuencia miramos lo que hacen nuestros competidores y pensamos que tenemos que hacer lo mismo, pero un poco mejor.

Mejores fotos, mejores descuentos, más publicaciones, más productos.

Sin embargo, el marketing no consiste solamente en mirar qué hace el resto.

También consiste en observar qué está pasando alrededor, qué necesita el público y qué es lo que todavía no estamos atendiendo.

No se trataba de venderle a todo el mundo. Se trataba de hablarle mejor a quienes quería llegar.

De Mercado Libre a mi primer local en la costa atlántica

A finales de 2019 abrí mi primer local al público en la costa atlántica.

Fue un sueño hecho realidad.

Me mudé de la gran ciudad a un lugar que para mí era un verdadero paraíso.

Y ahí experimenté, por primera vez, una sensación que todavía recuerdo:

Podía cambiar de lugar sin que todo lo que había construido desapareciera.

La gente ya conocía el nombre de mi empresa. Sabía dónde comprar y podía identificar la marca más allá de una plataforma de ventas.

Eso me hizo comprender el valor de construir una identidad propia.

Mercado Libre había sido una gran oportunidad para comenzar, pero una marca no tiene por qué quedar atada para siempre al canal donde nació.

2020: una pandemia, un cierre y una nueva decisión

En 2020 llegó la pandemia.

Nos vimos obligados a cerrar el local al público y el contexto económico y comercial atravesó una transformación profunda.

Entonces tomé una decisión: migrar mi tienda online a Tienda Nube.

Y acá tengo que hacer una aclaración: no tenía un equipo de especialistas que se encargara de todo. Aprendí a gestionar la tienda de forma autodidacta.

Investigué, probé, me equivoqué y volví a intentar.

Con el tiempo, me fui dando cuenta de que había una parte del negocio que me gustaba muchísimo.

Me interesaba entender cómo funcionaban las herramientas, cómo mejorar la experiencia de compra y cómo comunicar mejor lo que ofrecíamos.

No quería delegar automáticamente todo aquello que me despertaba curiosidad.

Quería aprenderlo.

De emprendedora a estudiante de marketing digital

En ese proceso inicié un curso de Community Manager en la UTN.

Me certifiqué y fue una experiencia que me ayudó muchísimo a mejorar aspectos importantes de la comunicación de Lienzo Telas.

Pero también ocurrió algo mucho más importante: ese curso fue un puntapié para descubrir que quería seguir estudiando marketing.

Hasta ese momento, gran parte de mis conocimientos venía de la práctica, de la investigación y de los tutoriales.

La formación me permitió ordenar conocimientos, incorporar herramientas y comprender mejor algunas de las decisiones que ya estaba tomando de manera intuitiva.

En 2024 me recibí de Técnica en Marketing y, en paralelo, empecé a trabajar con otras marcas.

Y hoy estoy cursando la última etapa de mi Licenciatura en Marketing.

Aprender también es parte del camino

No hubo un momento exacto en el que decidí «ahora voy a dedicarme al marketing».

Primero tuve una necesidad. Después tuve un negocio. Después aparecieron los problemas que necesitaba resolver. Después llegó la curiosidad. Después la formación.

Y finalmente descubrí que quería convertir todo ese aprendizaje en una profesión.

El cambio del público y el nacimiento de la venta de telas por metro

Después de la pandemia, volví a observar lo que estaba pasando con el público y con el contexto social y económico.

Había emprendedores que buscaban una forma de generar ingresos adicionales. Personas que necesitaban empezar un negocio desde sus casas y otras que contaban con recursos para comprar e invertir.

El comportamiento del público estaba cambiando.

Y nosotros también teníamos que prestar atención.

Fue entonces cuando llegaron las primeras ventas de telas por metro.

Una marca no se construye únicamente a través de sus colores, su logo o sus fotografías.

También se construye a través de las decisiones que toma, de quienes quiere acompañar y del valor que busca ofrecer.

Volver al local, pero con una nueva identidad

Cuando terminó la pandemia, volvimos a abrir el local al público.

Esta vez, la propuesta había cambiado.

Ya no se trataba de vender artículos de decoración, sino de especializarnos en telas para emprendedoras.

Así fuimos desarrollando un nuevo diferencial: telas con identidad y propósito.

Cambiar no significa perder la identidad

A veces pensamos que una marca tiene que mantenerse exactamente igual desde el primer día.

Pero la realidad es que muchas empresas atraviesan transformaciones.

Cambian sus productos, amplían sus servicios, modifican su identidad visual, se dirigen a otros públicos o encuentran nuevas formas de generar valor.

Lo importante no es que todo permanezca igual.

Lo importante es saber qué queremos conservar, qué necesitamos transformar y cómo comunicar ese cambio.

De fines de 2022 a 2024: cuando el contexto volvió a cambiar

Hacia fines de 2022, el contexto económico se volvió cada vez más complejo.

La inflación, la inestabilidad y la caída del consumo fueron afectando a muchísimos emprendimientos.

Y esto es algo que me marcó profundamente.

Hay emprendedores que viven al día. Personas que tienen que pagar alquileres, cubrir gastos y sostener sus hogares, mientras intentan invertir en un negocio que todavía no les permite contar con un margen suficiente.

Fue por esas personas que, con el tiempo, decidí que mi primer asesoramiento debía ser gratuito.

No porque una conversación pueda resolver todos los problemas de un negocio.

Pero una mirada externa puede ayudar a ordenar ideas, detectar oportunidades y comprender hacia dónde conviene dirigir los esfuerzos.

2024: cuando reinventarse dejó de ser una opción

En 2024, el rubro textil atravesó una caída importante del consumo.

Las ventas se volvieron más difíciles y tuvimos que volver a revisar la forma en que ofrecíamos nuestros productos.

Pero esta vez, la respuesta no surgió de una tendencia de mercado que vi en algún informe.

Surgió de observar a nuestras propias clientas.

Sus necesidades habían cambiado.

Y si nosotros seguíamos ofreciendo exactamente lo mismo, esperando que el público se comportara como antes, probablemente no íbamos a encontrar una solución.

El Combo Emprendedora: una solución pensada desde el cliente

La idea era sencilla, pero tenía detrás mucho análisis.

Creamos combos con 10 cortes de tela de 50 centímetros por 150 centímetros, en diferentes colores y combinaciones.

No se trataba de vender un paquete de retazos sin más.

Queríamos que las emprendedoras pudieran saber de antemano qué colores y qué telas iban a recibir.

Pero el valor del combo no estaba solamente en el precio.

Estaba en la posibilidad de acceder a una variedad de colores y telas sin tener que invertir grandes cantidades de dinero en cada uno.

Y ahí estaba la oportunidad.

El combo se vendió mucho y nos ayudó a restablecer las ventas.

No siempre hay que bajar el precio para generar valor

Cuando las ventas bajan, la primera reacción suele ser pensar en descuentos.

Pero el precio no es la única variable que influye en una decisión de compra.

  • La cantidad que necesita nuestro cliente.
  • El formato en el que ofrecemos el producto.
  • La facilidad de compra.
  • La claridad de la información.
  • La experiencia que estamos construyendo.
  • El riesgo que la persona siente al invertir.

Una buena estrategia de marketing no siempre nace de preguntar qué podemos vender más.

A veces nace de preguntarnos qué podemos hacer para que comprar sea más útil para nuestro cliente.

La atención al cliente también es parte de la estrategia

Durante todo el recorrido de Lienzo Telas, hubo algo que para mí siempre tuvo mucho peso: la forma de relacionarnos con quienes nos elegían.

En nuestras redes hablábamos de las dificultades que atravesábamos como negocio. Compartíamos experiencias, acompañábamos a las emprendedoras y tratábamos de transmitir aliento a quienes seguían intentando sostener sus proyectos.

Y eso no significa que esté en contra de la tecnología, la inteligencia artificial o las automatizaciones. Todo lo contrario.

Creo que pueden ser herramientas muy valiosas para mejorar procesos, ahorrar tiempo y facilitar determinadas tareas.

La tecnología debería ayudarnos a mejorar la experiencia del cliente, no a olvidarnos de la persona que está del otro lado.
“Tratá a tus clientes como querés que te traten a vos. O, en su defecto, como te trataron en tu lugar favorito.”

Para mí, la atención al cliente no es solamente una tarea operativa.

Es una parte de la identidad de la marca.

Lo que Lienzo Telas me enseñó sobre construir una marca

Si miro todo el recorrido, me doy cuenta de que las estrategias que mejores resultados nos dieron no surgieron necesariamente de tener más recursos que los demás.

Surgieron de prestar atención.

A las clientas. Al contexto. A los cambios del mercado. A nuestras propias limitaciones.

Hoy puedo decir que Lienzo Telas me enseñó que el marketing no es solamente publicidad, redes sociales, posicionamiento SEO o una tienda online bien diseñada.

Todo eso es importante, por supuesto.

Pero también es la capacidad de comprender qué está pasando con quienes queremos acompañar y tomar decisiones que tengan sentido para ellas y para nuestro negocio.

El cierre de Lienzo Telas y el comienzo de una nueva etapa

A finales de 2025, Lienzo Telas se vendió. Y para mi pesar hasta el nombre decidieron cambiar, hoy no queda nada de lo que un día fue.

Fue una decisión personal muy difícil.

Mi horizonte personal había cambiado y mis metas ya no se alineaban con el futuro de la empresa.

A veces, tomar una decisión así implica reconocer que un proyecto puede haber sido maravilloso y, aun así, que nuestro camino necesita continuar en otra dirección.

Lienzo Telas fue mi primer gran negocio digital.

Fue el lugar donde aprendí a vender, a construir una marca, a gestionar una tienda online, a comunicar, a observar a mis clientes y a enfrentar momentos en los que parecía que todo se volvía más difícil.

Fue una historia de crecimiento, pero también de incertidumbre, cansancio, decisiones difíciles y muchos aprendizajes.

Y sí, extraño mi negocio.

No voy a negarlo.

A veces lo extraño mucho.

También tenemos derecho a cambiar de camino

Hay proyectos que, como los hijos, en algún momento tenemos que dejar ir para que puedan transformarse y seguir su propio camino.

Y nosotros también tenemos derecho a hacerlo.

De construir mi propia marca a acompañar a otros emprendedores

Hoy estoy forjando un camino diferente.

Uno en el que puedo poner toda esa experiencia al servicio de otras empresas y emprendimientos.

Ya llevo acompañando a más de 200 emprendimientos a alinearse con sus propósitos, a ordenar sus ideas y a encontrar nuevas formas de comunicar y desarrollar sus negocios.

Y eso es lo que realmente me llena el alma.

Porque si algo me dejó Lienzo Telas, además de conocimientos y experiencias, fue la certeza de que me apasiona acompañar a otros en sus propios procesos.

No me interesa trabajar desde una mirada distante, como si detrás de cada negocio hubiera solamente números, métricas y objetivos.

Me interesa comprender qué hay detrás de un emprendimiento.

Qué quiere construir quien lo impulsa. Qué dificultades está atravesando. Qué recursos tiene. Qué necesita aprender. Qué está intentando comunicar y, en ocasiones, qué es lo que todavía no logra ver.

Sé lo que significa empezar con poco.

Sé lo que es aprender mientras se trabaja.

Sé lo que es mirar las ventas y no saber qué decisión tomar.

Sé lo que es cambiar de rumbo y volver a empezar.

Y esa experiencia forma parte de la manera en que hoy trabajo con mis clientes.

No desde la idea de tener todas las respuestas, sino desde una mirada práctica, humana y construida a partir de haber transitado el camino.

Lo que me llevo de esta historia

Lienzo Telas me enseñó que los negocios pueden transformarse.

Que una marca puede cambiar de producto, de público y de modelo sin perder necesariamente su identidad.

Que escuchar a los clientes puede abrir oportunidades que no habíamos imaginado.

Que no siempre necesitamos bajar los precios para generar valor.

Que la atención humana importa.

Que la formación y la experiencia práctica pueden complementarse.

Y, sobre todo, que detrás de cada emprendimiento hay una persona intentando construir algo en un contexto que no siempre es sencillo.

Por eso, cuando acompaño a otros emprendedores, no puedo separar el marketing de la realidad de sus negocios.

No quiero hablar de estrategias como si fueran fórmulas universales.

Quiero ayudar a encontrar decisiones que tengan sentido para cada proyecto, teniendo en cuenta sus recursos, su público, sus objetivos y el momento en el que se encuentra.

Porque eso fue lo que me dejó Lienzo Telas.

Que el marketing no se trata solamente de conseguir que alguien compre.

Se trata de comprender a quién le estamos hablando, qué necesita, qué podemos ofrecerle y cómo construir una relación que tenga valor para ambas partes.

Y esa es la experiencia que hoy quiero compartir.

La historia de una emprendedora que comenzó vendiendo almohadones sin saber demasiado, que fue construyendo una marca en el camino, que convirtió su propio negocio en su primera gran escuela de marketing y que hoy continúa formándose mientras acompaña a otros emprendedores a construir sus propios caminos.

Con cariño,
Liz Mereles